El Turismo en datos

El Turismo en datos

21-04-2022

FUENTE e IMAGEN: blog.ashotel.es


Cualquiera que asista a un seminario, webinario o sesión informativa relacionada con la transformación digital en la empresa habrá escuchado en más de una ocasión la conocida expresión de Sir William Thomson (Lord Kelvin): “Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre” o, en su defecto, que los datos son el petróleo del siglo XXI. Aunque los últimos acontecimientos demuestran que el petróleo del siglo XXI sigue siendo el petróleo, lo cierto es que el valor de los datos y, sobre todo, el uso que se hace de ellos por parte de las organizaciones a través de la medición y el análisis es cada vez más relevante.


Mientras otros sectores han apostado de forma decidida por utilizar este tipo de información en la toma de decisiones, en el turismo la incorporación está siendo más lenta. Sin embargo, hay que destacar que los datos disponibles en el sector turístico, ya sea de manera pública o privada, son considerables. Desde los que se encuentran en las propias empresas, pasando por las redes sociales o la estadística pública, las fuentes son muy numerosas. Tal vez esta sea una de las principales dificultades a las que deben enfrentarse las empresas: la necesidad de discriminar la información verdaderamente relevante, que ayude a facilitar la toma de decisiones dentro de la organización.


Los motivos que justifican este uso menos intensivo de los datos en el sector son múltiples, desde la falta de costumbre o la inexistencia de herramientas de gestión adecuadas en las propias empresas, hasta el hecho de que se trate de un sector muy heterogéneo donde conviven pequeñas organizaciones con grandes cadenas internacionales. Esta última razón no es nada despreciable. Aunque el beneficio de la utilización de los datos por parte de las empresas se demuestra día a día, no es menos cierto que el uso adecuado de la información requiere una serie de inversiones, tanto materiales como personales, a las que no todas las organizaciones pueden hacer frente.


Sin embargo, esto no debería ser un obstáculo insalvable, ya que, aunque las grandes empresas disponen de más recursos para ello, las necesidades en cuanto a explotación de datos también difieren entre organizaciones, lo que permite ajustar los costes que son necesarios asumir. Así, aunque una cadena hotelera dispondrá de muchos más recursos que un hotel familiar o una casa rural, por poner solo algunos ejemplos, eso no significa que cada una de ellas, en la medida de sus posibilidades, no pueda aprovechar la ventaja que aportan los datos en la gestión de sus negocios. Probablemente, una empresa pequeña no podrá diseñar sofisticados modelos predictivos, pero en cambio sí debería ser capaz, entre otras cosas, de medir el impacto de sus publicaciones en redes sociales o tener la suficiente información correctamente almacenada y tratada sobre el origen, anticipación o tipo de habitación reservada por sus huéspedes en los últimos años.


Lo que es evidente es que la toma de decisiones basada en datos mejora la rentabilidad de las empresas y favorece aspectos como la relación con el cliente, el rendimiento de los trabajadores o la disminución en los costes operativos. Por ello, en tiempos como los actuales, donde la incertidumbre es una constante en la economía en general y en el sector turístico en particular, contar con información relevante y fiable, a través de la medición de sus propios indicadores internos y el correcto aprovechamiento de la información disponible mediante fuentes de datos públicas y privadas que ayude en ese proceso de toma de decisiones, es algo que las empresas deberían tener muy en cuenta.



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