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26/05/2007
Será la primera isla que se abastecerá enteramente de energías renovables en 2010.

LA PROVINCIA

Salió en todos los medios nacionales y en no pocos internacionales hace dos meses. El Hierro será la primera isla y, en realidad, el primer núcleo de población del mundo de más de dos mil habitantes (tiene, en realidad, 8.500) que se abastecerá enteramente de energías renovables en 2010, es decir, dentro de tres años. Una serie de innovaciones en el campo de las tecnologías aplicadas cocida en el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC) -un centro que finalmente está pudiendo desplegar todo su potencial- lo hará posible: se trata de un sistema hidroeléctrico formado por una central hidroeléctrica de 10 megavatios con un salto neto de casi 700 metros, una central de bombeo, dos depósitos reguladores (uno inferior y otro superior, aprovechando una caldera volcánica natural) y un parque eólico de la misma capacidad. Y lo que, de hecho, se consigue con este sistema es transformar una fuente de energía intermitente, fluctuando y difícil de almacenar (que es el gran problema actual de las energías renovables) en un suministro controlado y constante de electricidad, aprovechando al máximo la energía eólica y facilitando su compleja integración en el sistema. La mayor parte de la energía vertida a la red de distribución (para suministrar electricidad al conjunto de la isla, incluyendo la energía necesaria para las dos desaladoras que abastecen de agua potable a la población y a sus servicios) procederá de la central hidroeléctrica. Mientras tanto, se utilizará la mayor parte de la energía eólica para alimentar el sistema de bombeo, vertiéndose el excedente también directamente en la red. Este proyecto (financiado por el Cabildo de El Hierro, Endesa y el propio ITC) solucionará, de golpe, la dependencia energética de la isla del exterior (la necesidad de importar 40.000 barriles de petróleo anuales). En segundo término, podrá situar la intensidad energética de la isla (la cantidad de energía necesaria para producir un euro del Producto Interior Bruto) en baremos propios de economías eficientes (dos kilovatios por euro de PIB). Y, por último, reducirá a cero la intensidad de carbono de la generación eléctrica (el CO2 liberado a la atmósfera para producirla), es decir, que la contaminación será inexistente.

EL CAMPO ABIERTO. Con todo, siendo de especial relevancia por lo que tiene de episodio piloto de autoabastecimiento limpio al cien por cien de una isla, el episodio de El Hierro va mucho más allá. Adquiere una significación que rebasa por completo el contorno de la isla e, incluso, del Archipiélago. En realidad, representa el hecho de que Canarias ha identificado y se encuentra poniendo en marcha desarrollos pioneros de un capítulo de insospechado potencial técnico y en el campo de los negocios (exportación canaria de tecnologías y de servicios tecnológicos) en el escenario de una economía mundial descarbonizada (en la que se pretende reducir progresivamente el peso de los combustibles fósiles) y de uso intensivo de fuentes de energía renovables. Un mundo asimismo -como ya mismo Japón acaba de proponer para el escenario posterior al Protocolo de Kioto, en 2012- de apoyos financieros internacionales muy potentes para la introducción de los países en desarrollo (en particular, de África) en modelos productivos más limpios que no invaliden por último lo que los países ricos puedan hacer ante el cambio climático.

Se trata, en concreto, de la producción y almacenamiento energético de fuentes renovables en sistemas eléctricos aislados (que pueden ser islas o regiones aisladas) y lo que se llama la generación distribuida (el autoabastecimiento energético de pequeños núcleos, que pueden ser un edificio en plena ciudad o un pueblo perdido). El Hierro representaría, de hecho, un salto de escala en esta línea de investigación del ITC, cuya división de investigación y desarrollo y energías renovables dirige Gonzalo Piernavieja (uno de los nombres de referencia hoy para el futuro de las Islas). Unas línea que se inició hace diez años con la producción de pequeños contenedores (elementos portátiles) que producían electricidad y que, en la actualidad, representan las desaladoras y unas minicentrales de generación eléctrica movidas por energías renovables que, tras ganar los correspondientes concursos europeos, se están instalando en núcleos de población de Mauritania y sur de Marruecos construidas por una nueva empresa constituida por firmas canarias como Elmasa y Satocan. Se da la circunstancia, por lo demás, de que las aplicaciones isleñas tienen, como veremos en la próxima entrega, un encaje inusitadamente oportuno en el contexto de un escenario regional -el africano- en el que viven buena parte de los 2.000 millones de personas que en el mundo se encuentran fuera de las redes del suministro eléctrico. Un escenario, por otra parte, que, sin embargo, previsiblemente hará posible cambiar esta circunstancia a tenor del crecimiento económico de nueva planta del continente. Y de los apoyos financieros que el capitalismo global prevé dirigir hacia el continente negro al objeto de introducirlo en los circuitos mundiales de consumo.

Bien es cierto, no obstante, que estos sistemas eléctricos aislados no ofrecen soluciones inmediatas para las urbes isleñas. Pero, sin embargo, son claves, por otra parte, en el desarrollo general de un sistema centralizado (propio de la era del carbono) a un sistema descentralizado y alimentado con fuentes energéticas diversas que se conectan entre sí a la manera de las microrredes.
 



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